Las emociones en la vida universitaria

¿Quién alfabetiza nuestras emociones? ¿Cuán importantes son? ¿Es un tema que me interesa? ¿Qué impacto puede tener en mi vida personal y Universitaria? Son algunas de las interrogantes que Pedro Pablo Cerda, Profesor de la Universidad Católica de Temuco, intenta responder a continuación.
Durante los últimos siglos, nuestra sociedad ha valorado un ideal muy concreto del ser humano: la persona inteligente. En la Universidad o escuela tradicional, se consideraba que un joven o niño era inteligente cuando dominaba las lenguas clásicas, el latín o el griego, y las matemáticas, el álgebra o la geometría.
Recientemente, se ha identificado al joven o niño/a inteligente como el que obtiene una puntuación elevada en los test de inteligencia. El cociente intelectual (CI) se ha convertido en el referente de este ideal y dicho argumento se sustenta en la relación positiva que existe entre el CI de los alumnos/as y su rendimiento académico: los alumnos/as que más puntuación obtienen en los test de CI suelen conseguir las mejores calificaciones en la Universidad o escuela.
En el siglo XXI, esta visión ha entrado en crisis por dos razones. Primera, la inteligencia académica no es suficiente para alcanzar el éxito profesional. Los abogados que ganan más casos, los médicos más prestigiosos y visitados, los profesores más brillantes, los empresarios con más éxito, los gestores que obtienen los mejores resultados no son, necesariamente, los más inteligentes de su promoción. Son los que supieron conocer sus emociones y cómo gobernarlas de forma apropiada para que colaboraran con su inteligencia. Son los que cultivaron las relaciones humanas y los que conocieron los mecanismos que motivan y mueven a las personas. Son los que se interesaron más por las personas que por las cosas y que entendieron que la mayor riqueza que poseemos es el capital humano.
En este contexto, la sociedad se ha hecho la pregunta: ¿por qué son tan importantes las emociones en la vida cotidiana? La respuesta no es fácil, pero ha permitido que estemos abiertos a otros ideales y modelos de persona.
A pesar de la importancia de las emociones en la vida cotidiana, de su influencia en la conducta y de los efectos que puede llegar a tener, tanto a nivel físico como psicológico, es muy poca la atención que le damos, no sabemos cómo discriminarlas, identificarlas y, peor aún, en gran medida somos incapaces de controlarlas y regularlas. Incluso, muchos de los fracasos de los estudiantes universitarios, se deben a la falta de conciencia, regulación y autonomía emocional, elementos claves para el éxito en la vida.
Por esto, Goleman menciona los seis conceptos claves del rendimiento escolar propuestos en el Informe Heart Start.
1. Autoconfianza: que proporciona cierta seguridad en sí mismo y en lo que se hace y se tiene la sensación de dominio del propio cuerpo y de cuanto nos rodea.
2. Curiosidad: inquietud placentera por preguntar y descubrir cosas nuevas. Está arraigada en la infancia.
3. Autocontrol: sensación de control interno y con capacidad de modular el propio comportamiento.
4. Relación: capacidad para establecer vínculos afectivos y efectivos con los demás, comprendiendo y siendo comprendido por ellos.
5. Capacidad de comunicar: deseo y habilidad de intercambiar ideas, sentimientos, conceptos, etc.
6. Cooperación: capacidad para armonizar las propias necesidades con las de los demás en actividades de grupo.
Alfabetizar las emociones no es tarea fácil, más en una sociedad donde la explosión de la información tecnológica promueve el desarrollo en otras áreas.
La invitación que se hace, entonces, a través de esta publicación es a despertar la curiosidad por una temática tan importante y necesaria para el desarrollo de nuestra vida como son las emociones. Porque “Vivir sin emociones, no es vivir”.
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